El acoso no es un evento aislado, sino un síntoma de una cultura que aún permite el abuso de poder. En una ciudad tan vibrante y compleja como la Ciudad de México, esta problemática atraviesa todas las esferas de nuestra vida: desde las aulas y las oficinas hasta el anonimato de las redes sociales y el transporte público.

Más allá de una conducta molesta, el acoso es una vulneración sistemática de la dignidad humana. Se manifiesta a través del control y la intimidación, dejando cicatrices profundas en la salud emocional y la seguridad de quienes lo padecen. Aunque el marco legal en nuestro país ha evolucionado significativamente, la realidad nos dicta que las leyes por sí solas no bastan; la detección temprana y la respuesta colectiva son nuestras herramientas más fuertes.